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  • arturo arredondo

La vanidad es, definitivamente mi pecado favorito

Tengo un primo de cariño que es un constructor muy ambicioso. Cuando se pusieron de moda las redes sociales se subió al tren de inmediato y empezó a inspirar a otros a través de su éxito, conocimiento, y trabajo.

No cabe duda que es exitoso y muy bueno para lo que hace. Tampoco cabe duda que lo hace por alguna validación externa como cualquier otro influencer y/o gurú en redes.


Hace poco publicó un vídeo del momento que le regala una casa al señor que trabajó toda la vida con su familia como un gran acto de generosidad. Se me cayeron los huevos y se me volteó un poco el estómago: “Es increíble lo que la gente hace por atención”, pensé. Pero whoa whoa, whoaaa…..Para, para arturo. “ ¿y qué tal si no existieran estas redes y herramientas de trabajo?, ¡tal vez el trabajador no hubiese recibido nada!”.

Tal vez, pero se que es mi mente pesimista y cínica disfrazada como estoica. He aprendido a proponerme un contra-argumento a todo así que le di el beneficio de la duda también: “¿Y si antes ha hecho actos de generosidad parecidos en privado sin publicarlos”? Tal vez. Siendo realista lo dudo. Aún así…


El para nada es mala persona, al revés lo quiero mucho. Pero, ¿por que madres me molestaría algo así?


Tal vez sus actos sean impulsados en gran parte por vanidad es obvio. Pero, mientras no esté vendiendo falsa esperanza o promoviendo algún discurso que manipule o inspire aversión entre la gente, ¿que más da? Inclusive hasta ví el lado bonito de querer inspirar otros a ponerse a trabajar para generar riqueza con esperanzas de algún día poder regalar una casa. No hay nada malo en promover tu trabajo y éxito. De hecho pensandolo bien se me olvidó que ese justo es el modus operandi en la industria del entretenimiento de la cual hace muchos años fuí parte.


Puede ser que no tengamos las mismas formas y que no seamos de la misma tribu. ¿y que? Se me olvida que él le vende a un público al cual no pertenezco. Todos vendemos algo que no consumimos personalmente. Pasa con la música, servicios, apartos, comida, cualquier industria vaya. Por eso el dicho: “casa de herrero cucharón de palo” (creo que así va).


En fin. Todo está en cómo ves las cosas y esto lo tomé como una lección en ser menos amargado.


Cuando me lo encontré en la calle le dije “Que gran acto de humildad! Felicidades primo, más gente como tu”, y lo dejé de seguir en las redes.


Mucha Luz

-a-


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